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Las elecciones, nuevo debate en la mesa de diálogos de paz

Arrancó la segunda etapa del proceso de paz que se adelanta en La Habana. Inicia con el tema de la participación política, en medio de una situación tensa , porque el gobierno colombiano ha propiciado un ambiente que enturbia el proceso. Jairo Ramírez, asesor de la USO y defensor de los derechos humanos, hizo un análisis de los sucesos. Por un lado, parece que la visita de Joe Biden a Colombia desató varias decisiones que afectan la negociación. La primera, que Juan Manuel Santos haya recibido al candidato presidencial Henrique Capriles, en un momento en que Venezuela es país acompañante en el proceso, es un gran motivo de tensión.

El segundo lugar, la vinculación de Colombia al acuerdo del Pacífico, junto a Perú, Panamá y Chile; lo cual, representa un nuevo acercamiento a Estados Unidos y el regreso de la propuesta del ALCA, cosa que se creía superada.

En tercer lugar, la intención promulgada del Presidente de vincular a Colombia a la OTAN, que es un pacto eminentemente militar. Esto hace prever que estaría el país acercándose a una política de estabilización que adelanta Estados Unidos contra la política bolivariana de Venezuela.

En consecuencia, las Farc han emitido un comunicado donde llaman la atención y extienden un reclamo al gobierno colombiano porque su actitud no ayuda con los diálogos. Mientras, permanece la expectativa en el tema de la participación política, que junto con el tema agrario, son los dos elementos más importantes de la mesa en La Habana.

El objetivo de la Farc es concreto: romper el “monopolio asfixiante de la coalición de gobierno que impiden que la oposición en Colombia tenga un escenario para opinar sobre los distintos temas que inciden en el futuro del país”, dice Ramírez.

Y continúa: “Es un tema grueso, así lo dejó ver el reciente seminario que se realizó en la Universidad Nacional, donde los distintos sectores coincidieron en que si se quiere avanzar realmente en un proceso de paz, se tienen que producir reformas políticas y cambios en el ejercicio de la democracia en el país, para ambientar un nuevo proceso que afirme los acuerdos que puedan surgir en la mesa de negociación”.

La propuesta, entonces, es aplazar el proceso de paz al menos por un año y convocar a una asamblea constituyente. Porque, así como están las cosas, la paz será un tema que influya en las elecciones y, para las Farc, no debería ser así. De hecho, el Puro Centro Democrático y los movimientos de ultraderecha están usando los ataques a los diálogos como una forma de campaña electoral.

Ramírez considera que las elecciones y los diálogos “son dos aspectos que están atravesados y se estorban. El debate electoral va a generar una situación difícil para el proceso, pues hay una extrema derecha que se ha entrometido. Lo ideal es que estos dos elementos no coincidieran porque van a terminar afectando el proceso de paz. Se nos hace razonable que se estudie la posibilidad de que, como ha señalado las Farc en su comunicado, se aplace por lo menos un año”.

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